Una mujer denuncia que su pareja la sometió a prácticas de zoofilia

Viernes 21 de julio de 2006

El hombre cumple condena por quebrantar una orden de alejamiento.

J. Antequera, Castelló

El caso del supuesto maltratador de Vil-real que regresó al domicilio de su pareja horas después de que el juez hubiera dictado una orden de alejamiento contra él por malos tratos en el ámbito familiar esconde una sórdida historia de horror que se ha prolongado durante cuatro meses.

El acusado, M. T., de 42 años, pasó a disposición judicial el pasado martes, pero lejos de salir del juzgado con la intención de cumplir la sentencia, esa misma tarde decidía regresar de nuevo al domicilio de su pareja, por lo que ha sido detenido y enviado de nuevo a la cárcel. Aunque estará en prisión durante los próximos seis meses por quebrantamiento de condena, su ex pareja, J. M., de 44 años, decidió ayer acudir a Levante-EMV para hacer un dramático llamamiento a las autoridades y denunciar que su vida y la de su hijo de 17 años corren grave peligro. La víctima está segura de que cuando su pareja salga de prisión terminará por matarla. «No te puedes imaginar el pánico que he sentido y tengo más claro que el agua que cuando salga de la cárcel me matará y matará a mi hijo. Yo misma le dije a la policía cuando acabó el juicio: Estará en la casa, yo le conozco, él está en la casa». Y así fue, cuando los agentes acudieron al domicilio el presunto agresor les recibió con un escalofriante «yo voy a donde me sale de los cojones».

La historia de Jacqueline es una auténtica película de terror. Nunca pudo sospechar que el hombre al que conoció en Córcega en unas vacaciones se iba a convertir en su verdugo. «Como hablaba español tan correctamente me llamó la atención en una cafetería. Se vino conmigo a Vila-real y continuamos la relación». Pero M. T. puso al descubierto su verdadero rostro cuando la pareja empezó la convivencia.
Tras recibir las primeras palizas, J. M. fue sometida a todo tipo de torturas. «Me hizo confesar que mi padre me había violado a los ocho años y que me prostituyó. Por eso me propuso en varias ocasiones ir a casa de mis padres, atarlos, ponerles gasolina y que yo les prendiera fuego», asegura. Poco a poco estrechaba el círculo de terror. «Una vez me obligó a que mi perro me penetrara y tuve que succionarle el pene al animal. Si no lo hacía me maltrataba», contó.

http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=3225&pIdSeccion=10&pIdNoticia=215937&rand=1153452941332

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