Máxima tensión en la Cañada Real, con controles policiales y en helicóptero

M. J. ÁLVAREZ. MADRID.

 

«¡Ya están otra vez aquí!» «¡Vienen a tirar más casas!». Ése fue el comentario general a primera hora de la mañana de ayer, cuando el sonido de un helicóptero dando vueltas sobresaltó a los habitantes del sector V de la Cañada Real Galiana. La tensión e incertidumbre que se vive en esta zona, tras los violentos enfrentamientos registrados la semana pasada entre policías y vecinos que trataban de impedir un derribo, se recrudecieron. Y los nervios empezaron a cundir. Sobre todo, cuando aparecieron varios vehículos de la Unidad de Intervención Policial (UIP)-antidisturbios-, de la Brigada de Extranjería, así como varias unidades de la Policía Municipal.

«¿Qué pasará? Me eché a temblar y salí corriendo de casa. Pensé que iba a haber más derribos. Me acerqué a ver a Abdul, al que le tiraron abajo su vivienda, que está levantando, pensado que quizá le tocaría a la suya», explica Pilar, que lleva más de 30 años en la Cañada. «Cuando vi llegar a los antidisturbios me asusté mucho. Tenemos el miedo metido en el cuerpo».

Los rumores crecían sin cesar

Los agentes se apostaron en las dos entradas de esta zona y se concentraron en la salida de Rivas Vaciamadrid. «Subí hasta allí. Había cinco furgonetas, cerca del Metro y tres patrullas de municipales. Pedían la documentación y cacheaban a todo el que salía». «Decían que se iban a llevar a un grupo de gente detenida por las pedradas que lanzaron el otro día a los agentes y que venían con imágenes para identificarles».

La crispación fue la tónica. Y los rumores corrían como la pólvora. «Se han llevado a tres marroquíes detenidos. Y si es por la batalla campal no eran tres, éramos todos», clamaba Pedro, que lleva cinco años viviendo allí. Fuentes de la Jefatura Superior de Policía no precisaron los motivos de la operación ni si había habido detenidos. Se limitaron a decir que en esa zona hay controles periódicos por ser un punto negro. Solo trascendió el arresto de un marroquí por agentes municipales de Vicálvaro que lanzó piedras a un retén que se encontraba en la zona.

«Aquí, todos a una»

«Aquí, todos a una como Fuenteovejuna. Si me echan ¿adónde voy, sin nada y jubilado? Aquí están nuestros ahorros de toda una vida. O se limpia todo o nada», precisaba Rosario, residente ahí desde hace 35 años. «Antes de derribar lo nuestro que derriben lo suyo. La parte de Rivas , Valdemingómez o que empiecen por la zona de venta de droga en donde se han instalado los capos de Barranquillas», subrayaba.

Pedro agregaba que, desde la Asociación de Vecinos de la Cañada Real, han venido denunciando que los traficantes estaban comprado casas en la zona de los gitanos sin resultado. «Permiten el tráfico de drogas y hacen presión para que esto estalle y meternos a todos en el mismo saco», indicaba.

A pesar de la tensión, estaban satisfechos de la solidaridad entre los afectados. «Árabes y españoles luchamos juntos. Es nuestra vida. Entre todos estamos ayudando a Abdul a que reconstruya su casa, cada uno como puede, con dinero, con su trabajo», decían María y Soledad.

El afectado, que ha visto como en apenas dos días han surgido como por arte de magia los muros y los tabiques de su casa derruida, confiaba en que estuviera acabada en una semana. «No es un desafío a las autoridades, es una forma de recuperar la normalidad», decían algunos. «Estamos pasándolo muy mal. Sin comer y sin dormir. Lo del jueves parecía la guerra que no viví (nació en 1940). Con miedo», decía Isabel.

La esperanza de todos era hallar una salida negociada al conflicto. Y, poco a poco, se van dando pasos. De un lado, desde el Ayuntamiento de Madrid, en donde se constituyó ayer la Mesa por la Rehabilitación. A su término, la concejal de Urbanismo, Pilar Martínez, abogó por que se convoque una reunión entre las tres administraciones para abordar la cuestión desde una perspectiva múltiple: social, sanitaria y de integración. Indicó que el problema es de exclusión y de orden público y que hay que dar respuestas distintas a cada una de las realidades de sus habitantes, informa Ep. Tras desmentir que el objetivo de los desalojos sea construir viviendas «dado que es un espacio protegido», indicó, en relación a la reconstrucción de la casa de Abdul: «Es algo a lo que el Estado de Derecho tiene que contestar». Mientras, la asociación de la Cañada, que mantuvo una reunión en la Junta Municipal de Villa de Vallecas, a la que asistieron el PP e IU, mostró cierta esperanza, al ver que se estaba intentand

o buscar una solución. «Es triste que haya habido heridos para que nos tomen en serio», dijo su portavoz, Miguel Martín.

 

http://www.abc.es/20071023/madrid-madrid/maxima-tension-canada-real_200710230316.html

Anuncios



A %d blogueros les gusta esto: