La subida del precio del cobre y el plomo propicia los saqueos en edificios abandonados y en obras

El mercado de Atarazanas reunió el jueves entre sus cuatro paredes a medio centenar de cazatesoros. No buscaban vestigios del pasado histórico del edificio sino un botín mucho más suculento. Paneles de aluminio, cables de cobre, persianas metálicas y piezas de mármol eran los artículos más cotizados por los chatarreros que se dieron cita en pleno Centro de Málaga ante la mirada atónita de los viandantes y de las autoridades, que no esperaban un desvalijamiento similar después de la mudanza realizada hace una semana de los tradicionales puestos de frutas, pescados y carnes, que durante algo más de un año estarán situados en el nuevo mercado provisional instalado sobre el ‘parking’ de la calle Camas.

Pero el caso del mercado de Atarazanas no es único. El expolio de edificios abandonados está a la orden del día en toda la provincia debido al aumento de los precios de los metales, que se pagan a precio de oro en las chatarrerías de Málaga. En el caso del cobre y el plomo se ha duplicado su valor desde 2005.

Al margen de la ley

Con permiso o sin él, una legión de chatarreros, ahora más numerosa que nunca, inspecciona obras, mobiliario urbano o edificios abandonados en busca de estas aleaciones para venderlas al peso. A los chamarileros se les unen ahora un tropel de inmigrantes, en su mayoría provenientes de Europa del Este, que no encuentran un trabajo mejor.

El problema es que no siempre se llevan material abandonado en la calle o recogen el metal sobrante con el permiso de los jefes de obra. El pasado sábado, un hombre fue detenido por presuntamente sustraer 23 tramos (unos 70 metros) de la barandilla de acero que rodea el parque fluvial (bien urbano) del río de Fuengirola.

El jueves de esta misma semana, un empresario denunció en Nerja un robo en un edificio en construcción situado en la calle Antonio Ferrandis. Los ladrones sustrajeron todas las conducciones de cobre de la fontanería del bloque. Ese mismo día, comenzó el saqueo del mercado de Atarazas, en rehabilitación y, por tanto, abandonado desde el pasado 5 de enero hasta ayer, cuando pasó a manos de la empresa encargada de las obras, Sacyr.

Ladrones famélicos

No todos los buscadores de chatarra delinquen. Sin embargo, lo que trasciende en la mayoría de los casos son los robos. Los Cuerpos de Seguridad reconocen que ha vuelto un tipo de delincuencia marginal que había desaparecido en España. El modus operandi es de los denominados ladrones famélicos, que robaban lo que podían para subsistir, aunque lo cierto es que los beneficios que ahora obtienen los amigos de lo ajeno no son ni mucho menos baladíes al precio que se paga el metal. El incremento del precio del cobre limpio -sin cable- ha supuesto un 130%, pasando de 1,3 euros a rondar los 3 euros el kilo.

La razón, según fuentes de la Chatarrería La Estrella, está en el aumento de la demanda propiciada por la exportación de chatarra a empresas chinas. ‘El mercado chino está comprando barcos enteros llenos de chatarra para su industria tecnológica y hay más demanda que oferta, lo que hace aumentar el precio’, indica.

El aumento competencia en lo que a la búsqueda de metal por las calles se refiere junto a una recompensa más apetecible provoca que muchos busquen material donde no deben. Hasta septiembre de 2007 se produjo una auténtica oleada de robos de cable de cobre que obligó a la policía a activar un plan de vigilancia que implicaba peinar todas las chatarrerías para advertir al gremio de que comprar objetos robados constituye un delito de receptación. Los expolios supusieron pérdidas millonarias Telefónica y dejó sin comunicación a barrios enteros.

Fuentes de la policía afirman que están colapsados ante el incremento de estos casos. Los robos en la construcción continúan y en algunas obras se han llegado a llevar todos los marcos de aluminio de las viviendas recién puestos. Por otro lado, la Policía dice que los ‘saqueos’ de metales en edificios abandonados no tienen por qué ser un delito si el propietario no los denuncia. ‘A veces, lo que hacen es un favor, porque limpian el local’, aseguran fuentes policiales.

Sector en alza

Frente a la imagen negativa que se tiene de los chamarileros, los que se dedican a este negocio afirman que su labor como gestores de residuos es fundamental. ‘El cobre, el hierro o el cinc son metales contaminantes y todo eso lo sacamos nosotros de la calle’, señala uno de los trabajadores de Chatarras La Estrella, que prefiere permanecer en el anonimato mientras se lamenta de la mala fama que tiene el sector. ‘La gente piensa que todos los chatarreros son delincuentes que roban el material, pero en la mayoría de los casos son personas normales que ejercen esta profesión como cualquier otra’, indica.

De hecho, muchas familias viven de la venta de metales que recogen en la calle. Chatarras la Estrella tiene una cartera de más de 5.000 proveedores a los que compra material, y entre 450 y 500 visitan la nave situada en el Polígono la Estrella a diario para vender los hallazgos recopilados en la calle.

Una línea muy fina separa la búsqueda de metal en edificios abandonados y calles de la ciudad de los robos de material en obras y almacenes. El saqueo de Atarazanas ha encendido la alarma. Los técnicos valorarán ahora si se han producido daños a la estructura. Pero el suceso ha evidenciado que lo que para muchos es basura para otros es todo un tesoro.

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