Tensión en las canchas de Alcorcón un año después

Los grupos de adolescentes que se reúnen diariamente en el entorno del Centro de la Juventud de Alcorcón lo tienen claro: «No han olvidado lo que pasó y siguen amenazándonos». A pocos metros, varios inmigrantes iberoamericanos, aproximadamente de la misma edad, se muestran inflexibles: «Se pasaron demasiado». A pesar de que ya ha transcurrido un año desde que esta localidad del sur viera cómo su convivencia se truncaba durante una semana por las peleas y amenazas entre sus más jóvenes habitantes, todos reconocen que el miedo es latente, y que cualquier día puede estallar una situación exactamente igual a la de hace doce meses.
Fue hace un año cuando grupos de vecinos de Torres Bellas, el barrio en el que se encuentra el centro juvenil del Ayuntamiento de Alcorcón, denunciaron que los inmigrantes se habían hecho con los espacios públicos -sobre todo, las pistas polideportivas- a base de extorsión.
«Un euro, una hora de juego», parecía ser la consigna que derivó en una multitudinaria reyerta nocturna entre grupos de españoles e inmigrantes, y que se transformó, una semana después, en enfrentamientos entre grupos de «punkies», fascistas, vecinos del barrio y agentes de la Policía Nacional.
«El problema sigue»
La escalada de violencia puso a prueba a la Delegación del Gobierno, que envió a más de 300 agentes durante una semana para evitar altercados. Pero poco más se supo. «Las cámaras de las teles, los curiosos de otros pueblos… todos se fueron», se lamenta Iker, un joven de 15 años. «Y aquí el problema sigue», apostilla Juan Ramón, uno de sus amigos.
Al parecer, aunque actúan de manera mucho más sigilosa para que nadie se percate de sus actuaciones, los inmigrantes siguen pidiendo dinero, lo que genera desconfianza y numerosas peleas entre ambos grupos.
Se puede volver a repetir
«Cualquier día puede pasar algo como lo del año pasado», explica Javier, otro adolescente que ha vivido en Alcorcón toda su vida. Mientras se sienta en uno de los bancos cercanos al parque de La Paz, este joven afirma que nadie se ha preocupado del asunto.
«Ellos (los iberoamericanos) siguen haciendo lo que quieren, y muchos estamos ya hartos de que nos amenacen todo el día». A sus padres, apenas les cuentan lo que ocurre porque si lo hicieran, les prohibirían salir los fines de semana. «Hace pocos días hubo otro asesinato en Polvoranca, y mi padre no se confía nada de que salga por aquí».
Sin embargo, muchos adultos son conscientes de lo que sucede en el barrio. «Claro que siguen atemorizándose unos a otros, y sólo con la Policía no se pone tierra de por medio, hay que integrar», razona María Jesús mientras pasea con el carro de su bebé.
La versión es bien distinta si son los grupos de latinos los que explican qué ocurre en Torres Bellas. «Son unos racistas, están todo el día insultándonos», asegura un grupo de chicos y chicas. «Y aquí, el que las da, las toma», insinúa uno de ellos. «Las pistas, el barrio y las calles son de todos, no sólo de quienes han vivido aquí toda la vida», afirma Evelin.
La presencia de grupos antifascistas llegados de otras localidades y de Madrid se multiplicó durante aquellas jornadas de enero de 2007. Llegaban a Alcorcón para hacer frente a los «fachas» que intentaban atacar a los inmigrantes. Y precisamente, muchos grupos de alcorconeros, sin pertenecer a ningún grupo, se limitaba a quejarse por la degradación de la convivencia social.
La Policía sigue en el barrio
Al parecer, en los últimos meses, la presencia de bandas latinas se ha reducido en el barrio, porque siempre hay dos o tres furgones de la Policía Nacional en la zona. «Pero eso no quiere decir que nos hayamos librado de todo», afirma Eugenia. «Nos sigue dando mucho miedo salir a la calle», explica, porque cuando no hay un botellón, aparece una pelea entre grupos… «Además, como los bares de Polvoranca los cierran a ahora a las tres, pues se vienen por aquí a seguir montando su fiesta, que acaba en pelea», explica otra vecina de Torres Bellas.
Las miradas desafiantes entre los grupos de jóvenes -donde el menudeo de algunas sustancias es más que evidente- se propagan por un barrio atemorizado en cuyas fachadas unos y otros han dejado el signo de su presencia: «Vamos a por vosotros, nazis», rezan algunas pintadas en la puerta del Centro de Jóvenes. «No a los anti-sistema; no a los latin», se adivina en algunos «grafittis» semi-borrados. Por ahora, son sólo las huellas de una amenaza que radicalizó a todo un barrio que espera no volver a ver repetidas las escenas de violencia de hace un año.

http://www.abc.es/20080128/madrid-madrid/tension-cancha-despues_200801280258.html

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