Los grupos violentos ponen en alerta a las autoridades

“Las Waffen-SS”. “Esvástica, la cruz gamada”. “Heil!”. “Odio y orgullo”. Son algunos de los temas que comparten en Internet los usuarios del foro del Volksfront (su traducción literal, Frente Popular). Esta agrupación neonazi nació en EEUU a mediados de los años noventa y en poco tiempo ha arraigado con fuerza en España. Eva Braun, Iberian Blood, Riefenstahl y Hate Combat son algunos de los miembros de su comunidad virtual. Entre sus principales objetivos: la defensa de “la raza blanca en el mundo”.

Hammerskin Nation y Blood and Honour (Sangre y Honor) son otras dos facciones neonazis implantadas en España. Lealtad, disciplina, honor y valor forman parte de su vocabulario habitual. Su discurso suele ser ramplón, simple y visceral. Sus víctimas, personas indefensas.

Skinheads, nacionalsocialistas, okupas, punks o latin kings son los principales grupos urbanos violentos de nuestro país. Tanto la Policía como los expertos en este fenómeno coinciden en que son un peligro potencial y latente.

Aunque parezca que están dormidos, basta que se prenda la mecha para que su rabia salga a escena. Y actúan con más frecuencia de la que pudiera parecer a simple vista. A finales de febrero, una concentración de unos 80 miembros del partido de extrema derecha Nación y Revolución en la plaza de Tirso de Molina, en el centro de Madrid, fue reventada por grupos antisistema.

Batalla campal en Lavapiés

En cuestión de minutos, una batalla campal se adueñó de esta zona del barrio de Lavapiés. La bronca se saldó con varios detenidos, coches, contenedores y cajeros automáticos quemados, barricadas y numerosas cargas policiales. Los servicios de emergencia también tuvieron que atender a distintos heridos, uno de ellos de cierta gravedad. Sólo en Madrid, la Brigada Provincial de Información tiene fichados a 500 miembros de grupos antisistema (anarquistas, okupas, rash, sharp y redskins, fundamentalmente).

Según fuentes policiales, en España hay entre 10.000 y 11.000 neonazis, que se vertebran en torno a 70 grupos. La cifra supera a Alemania, donde se contabilizan 10.450 cabezas rapadas. Su discurso se basa en la xenofobia, el odio a los inmigrantes, la supremacía de la raza blanca y aria, la homofobia, la islamofobia…

Desde el pasado mes de septiembre a esta parte, hay una “reactivación de la agitación xenófoba”, según Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia. El pasado día 8, la Policía se incautó de 15 cuchillos y puños americanos durante un concierto nazi en Valladolid.

Apenas una semana después, el día 15, la agrupación neonazi Volksfront promovió otro concierto en Zaragoza (una ciudad de encuentros habituales entre nazis españoles y europeos) donde participaron grupos musicales procedentes de Italia, Alemania y Eslovaquia. El lema de la fiesta: “Ni armas, ni peleas, ni drogas…”. Toda una paradoja.

A falta de estadística oficial, el Informe Raxen, patrocinado por Movimiento contra la Intolerancia, alerta de 4.000 agresiones anuales por racismo y xenofobia en España. “El nuevo Gobierno está obligado a erradicar esta violencia y a apoyar a las víctimas. Esta es una asignatura pendiente de la democracia”, señala un párrafo del documento.

El informe recalca que Valencia, Madrid y Barcelona, por este orden, son las tres ciudades con mayor presencia de ataques xenófobos.

Bandas latinas emergentes

Aunque el grupo emergente que mayores quebraderos de cabeza da a las autoridades en los últimos tiempos son las bandas latinas. “Son los más violentos”, asegura un agente especializado en estos grupos: Latin King, Ñetas, Maras, DDP (Dominican Don’t Play)…

Sus integrantes son, en su mayoría, ciudadanos sudamericanos, aunque a veces hay también algún español. Son jóvenes, en muchos casos menores de edad. Y, por lo general, proceden de familias desestructuradas. “El grupo suple sus carencias sociales. En él desarrollan una identidad propia y son personas de difícil reinserción”, narran fuentes policiales. Los ataques suelen ser entre bandas rivales, pero a veces la provocación se desborda. Es lo que sucedió en Alcorcón, en enero de 2007, cuando una reyerta multitudinaria entre más de 50 jóvenes acabó con tres heridos, uno de ellos grave.

Hace sólo unos días, la Policía detuvo en Alicante y Elche a 12 personas de nacionalidad ecuatoriana acusadas de pertenecer a dos bandas de Ñetas. Los investigadores comprobaron que el grupo estaba perfectamente estructurado y jerarquizado, y que incluso amenazaba a quienes pretendían abandonar la banda.

El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, reconoció esta semana en una entrevista concedida a RNE que todos estos grupos urbanos violentos “preocupan” a los cuerpos y fuerzas de seguridad. Una de las soluciones que apuntan los expertos pasaría por la creación de una fiscalía especializada en grupos violentos, algo que ya existe en algunos países como Alemania.

Acceder hasta ellos es complicado, porque son muy cerrados. No se fían de los desconocidos y resulta difícil conocer sus movimientos, adelantarse a sus planes de acción… Aunque hay quien les conoce bien. David Madrid es uno de ellos. Este agente estuvo año y medio infiltrado en los Ultras Sur. Plasmó su experiencia en dos libros: Insider, un policía que se coló en las gradas ultras y, en colaboración con otro compañero, Tribus Urbanas. Ritos, símbolos y costumbres, en las librerías desde hace pocas semanas.

Poder y fuerza

“El sentimiento de poder es algo que engancha”, asegura este policía. Él fue, durante un tiempo, un ultra más y sabe de lo que habla. “Actúan con violencia por su afán de protagonismo. Es su manera de darse a conocer, a pesar de que ése no es el camino”, asevera.

La Policía es consciente del peligro y no baja la alerta. Por eso, dispone de una unidad para combatir a los ultras. Además, desde hace seis meses, la escuela del Sindicato Unificado de Policía (SUP) ofrece unas clases de formación a los agentes interesados en la lucha contra los grupos urbanos violentos. Estos cursos son pioneros en España y las aulas se llenan de centenares de jóvenes policías interesados en el tema, que aprenden cómo reaccionar ante estas bandas en situaciones límite.

“Son verdaderos grupúsculos criminales bien estructurados, con un líder y un discurso que les vertebra. Tienen una estrategia de lucha y agitación, unos objetivos comunes y predeterminados, una lógica organizativa”, reflexiona Esteban Ibarra. Y recuerda que “ni son tribus urbanas ni simples pandillas de chavales”. Una percepción que comparte la Policía: “No son meros delincuentes. Son algo más”.

http://www.publico.es/espana/061883/ultra/violencia/skinhead 

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