El alcalde de Morales de Toro «busca medidas» para desalojar el asentamiento de rumanos

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Luis Segovia ha pedido «protección» a la subdelegada de Gobierno tras el incendio intencionado de una casa, el cual está siendo investigado por la Policía Judicial

M. BARRIO. El alcalde de Morales de Toro, Luis Segovia, ha anunciado que el Ayuntamiento de la localidad va a «buscar medidas» para conseguir el desalojo de las familias de nacionalidad rumana que desde hace tiempo permanecen asentadas en las bodegas y en una nave de las afueras. Segovia ha hecho estas manifestaciones tras el incidente ocurrido el noche de pasado sábado, en que la vivienda y un vehículo de un vecino del pueblo resultaron con importantes daños materiales en el incendio provocado intencionadamente por dos botellas llenas de gasolina que fueron arrojadas en su interior, presuntamente por un ciudadano rumano. Segovia ha vuelto a «reclamar protección» a la Subdelegación de Gobierno porque teme «que los vecinos cojan la Justicia por su mano».
La subdelegada de Gobierno, Josefa Chicote, dijo ayer que el caso está siendo investigado por la Policía Judicial. Fuentes de la Guardia Civil consultadas por este diario confirmaron también que las sospechas recaen sobre la ex pareja de la mujer rumana con la que vivía el propietario de la vivienda. El sospechoso, de hecho, había sido denunciado en más de una ocasión por malos tratos y el Juez le había dado orden de alejamiento de su ex pareja. La subdelegada de Gobierno cree, sin embargo, que lo ocurrido es «un hecho aislado» y descarta que haya habido casos similares entre vecinos de Morales de Toro y ciudadanos rumanos asentados en esa localidad. Según Chicote, «hasta ahora no ha habido problemas», aunque ha puntualizado que prefiere ser «cauta y esperar a los resultados» de la investigación.
El alcalde, Luis Segovia, asegura sin embargo que los vecinos están «hartos» de los problemas que ocasiona la presencia del asentamiento rumano en la localidad, donde actualmente afirma que podría haber unas 60 personas. Según explicó ayer, «un vecino tuvo que denunciar en otra ocasión que sus hijas habían sido perseguidas por un rumano que les quería quitar el móvil», aunque las quejas de Segovia se enmarcan, sobre todo, en cuanto a las condiciones en que viven estas personas. «Piden por las calles, revuelven en los contenedores, van con los coches a toda velocidad por las calles y las condiciones en las que viven son de una absoluta falta de higiene; de hecho, los vecinos no pueden ni ir a sus bodegas, porque el olor es insoportable», ha señalado en este sentido. El alcalde moralino culpa de la situación, entre otros, al propietario de la nave y al de la bodega -que está declarada en ruina-, «por permitir que vivan allí». Segovia se queja de que las instituciones públicas «no han respondido» a la ayuda reclamada hasta ahora por el Ayuntamiento de la localidad. En este sentido afirma que han puesto los hechos en conocimiento de la Consejería de Sanidad «y nos contestaron que el problema era del Ayuntamiento y que les pusiéramos casas con servicios». Asimismo, sostiene que «la Guardia Civil les pide la documentación, pero allí siguen».

«Esto es la guerra»
Segovia quiere que «obliguen al dueño a cerrar la nave, porque no es un lugar para vivir». «Aquello es la guerra», ha dicho, a la vez que reclama públicamente que Sanidad haga una inspección y compruebe en qué condiciones viven; cagan y mean en la calle y no hay quien aguante los olores».
Según dice, los propietarios de algunas bodegas han denunciado su presencia en estos recinto y «han conseguido que los desalojen» al tratarse de una propiedad privada, «pero hay una persona que está permitiendo que vivan en la suya pese a que está declarada en ruina y llegó ser precintada». Y lo mismo dice que ocurre con la nave, «yo no puedo impedir que una familia traiga a sus parientes a vivir con ellos».

Efecto llamada
El alcalde de Morales de Toro descarta que en la localidad se haya producido el “efecto llamada” entre ciudadanos de nacionalidad rumana por motivos laborales, ya que, como señalaba ayer, «en nuestro pueblo solo hay trabajo en época de vendimia y ahora no hay nada en que poder emplearse». Por eso piensa que, más bien, «es que cuando vienen a España se ubican donde ya hay otros compatriotas con los que se entienden».
El alcalde quiere dejar claro, no obstante, que «no se trata de un problema de racismo», ya que explica que en la localidad viven otras ocho o diez familias «que están perfectamente integradas, viven en una casa que reúne las condiciones adecuadas, mandan sus hijos a colegio y no da problemas».

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