Mallorca y el terror islámico, la conexión continúa

MATÍAS VALLÉS Mallorca no se ha dedicado exclusivamente a transformar el cemento en oro. Síganme, por favor. Cuando el mundo habla de terrorismo islámico, el sabio señala con su dedo al apartamento del Paseo Marítimo donde residía Ahmed Brahim durante el cambio de milenio, hospedando a lugartenientes de Bin Laden y difundiendo las doctrinas espirituales que avalaban el 11-S y el 11-M. De no haber sido por el conflicto entre la Policía y la Guardia Civil, la captura de ese predicador pudo haber neutralizar la carnicería de los trenes. Tanto Bob Marley como Alá han sido catapultados al planeta entero desde Balears. Gracias a no ser nativos, en cuyo caso hubieran sido menospreciados. Véase Antònia Font, geniales, genitales, origeniales y a quienes han de descubrirnos desde Castilla. Cuántas veces he escuchado la frase “¿de verdad te gustan tanto?”. Un pueblo genófobo.
La fuente del contagio carcelario del islamismo fue la prisión de Palma, desde donde Mohamed Achraf aleccionaba a los adeptos de las bombas de religión. Una semana antes del 11-M, Jamal Ahmidan se desplaza a Eivissa con objetivos nunca demasiado aclarados. El día de la matanza de Atocha, en Son Sant Joan se hallaba un llamativo avión de la CIA, al que ninguna autoridad se atrevió a molestar. Y así sucesivamente, la isla está más cercana a Alá de lo que pensamos.
La interacción mallorquina con el terrorismo islámico no se ha agotado. Este periódico ya informó profusamente de la conexión de la yihad con casos de corrupción urbanística, la mayor aportación de Balears a la cultura universal. Una cosa ha llevado a otra, los indicios se han espesado en probabilidades, lo local ha franqueado el paso a lo global, y alguien deberá explicar la cobertura legal prestada a empresas canalizadas hacia oscuros objetos sociales. Somos la Viena de entreguerras, rodeados de espías. En esta ocasión, la vinculación yihadista es financiera, no dejamos de ser fenicios ni al ejercer de árabes radicales.
Cuando informas sobre el Islam, has de ser profético a la fuerza, por lo que ahí nos quedamos. Los más desesperados señalarán que las entidades protectoras de la yihad constituyen un pecado venial, por comparación con lo ocurrido en Mallorca durante el último medio siglo. Nuestra conexión con el terrorismo islámico es tan estrecha, o la isla tan pequeña, que los representantes del Gran Satán -nombre que Jomeini adjudicó a Estados Unidos, Israel es el Pequeño Satán- viven a escasas manzanas de los implicados. Permanezcan atentos a sus titulares, pero no cierren la boca, porque ni una variante de la corrupción carece de asiento en la isla.
Llevamos cuatro párrafos sin nombrar a Rodrigo de Santos, lo cual constituye un hito en la historia reciente del periodismo mallorquín. Al precio que pagó con nuestro dinero por un castillete de mentirijillas, su padrino James Matas se compró un palacete entero, con fantasma incluido. Una de dos, o el palacete es muy barato, o el castillete es muy caro. En la tercera casilla se lee “las dos hipótesis simultáneamente”. La suma de casi 250 millones de pesetas por otra maqueta faraónica -que encima nos va a salir por un pico en indemnizar a los niños que casi se dejan la vida en él- supera lo que la orante Catalina Cirer invirtió en el auténtico Castell de Bellver, durante su mandato desmandado. Hasta la Iglesia debería protestar. No por el abuso de la imaginería religiosa a cargo de la clientela de Casa Alfredo, sino porque la alcaldesa fue casi más generosa con el parque infantil que con los solares, nuestros, que regaló al obispado.
El PP podría haber evitado el escándalo controlando un poco a De Santos, pero estaba demasiado ocupado vigilando a Grosske. El escándalo homenajea a los prohombres conservadores que se paseaban en helicóptero por Mallorca, en busca de carnaza urbanística roja. Por cierto, desoiga a los moralistas, y aprenda a reírse con fuerza de los políticos que antes se han reído de usted. Será su único consuelo.
Hay un asunto aburrido que no me resisto a comentarles. IU más ERC reúnen un 4.97 por ciento de votos al Congreso. La creación de grupo parlamentario exige un 5 por ciento. Ergo, los sabios letrados pero no numerados de Madrid indican que 4.97 está por debajo de 5, por tres décimas. Una vez que han aprendido qué son las centésimas, hay que corregirles adicionalmente. Redondeado a un solo dígito, el número 4.97 es 5, por lo que cumple con el reglamento hasta el límite de una discusión científica. Otra cosa sería que se requiriera un porcentaje por encima de 5.00, en cuyo caso el veredicto sería inapelable. Hay que precisar, o atenerse a las consecuencias
Leo el artículo número 102 sobre los 102 años de Francisco Ayala, más famoso por su edad que por su obra. Lo cual me sirve de excusa para recordarles que 2008 pasará a la historia como el año Millénium. Hasta ahora mismo sólo podíamos degustar en francés -o en el idioma que nos enseñaron las suecas- esta enorme trilogía policial de Stieg Larsson, el autor fallecido inmediatamente después de entregar a su editor las casi dos mil páginas de su manuscrito. Los admiradores de Henning Mankell podrán adquirirlas a partir de este mes en Destino. Que nadie más me pida una recomendación literaria en lo que queda de año.
Llamamos crimen estético a perderse una exposición de La Caixa. Presentan lo mejor en cada parcela. (¿Está patrocinado hoy por la Generalitat de Montilla?). Por eso mismo, la muestra de arte chino resulta tranquilizadora, al certificar que un país vasto es compatible con una sensibilidad deprimente. El amontonamiento de mil millones de personas no garantiza la aparición de un Picasso. Puede que Mao empeorara las cosas, pero también que las mejorara. A cambio, la encomiable comparación de Marte y La Tierra en el Gran Hotel.
Lluc Alcari es el paisaje oficial de Mallorca, cuando intentas demostrar que la isla no se reduce a Magaluf o cuando Robert Graves explica -en el único libro sobre su experiencia mallorquina- por qué dijo adiós a todo eso y se instaló en Deià. Según se observa en el antes y el después, también ese pintoresco enclave mejora sus perspectiva gracias al factor humano. Manel-Claudi Santos era un intelectual mallorquín, nada menos. No sobran, por eso nos falta.
Reflexión dominical correctiva: “Ratificar también es rectificar”.

http://www.diariodemallorca.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008040600_13_345853__Ultima-Mallorca-terror-islamico-conexion-continua

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